No siento por ti
algo tan mundano,
tan manoseado,
como amor.
Por ti
yo siento
admiración,
fascinación,
pretextos,
fundamentos,
futuro,
contraparte,
alegría,
y mucho más;
lo que termina siendo
un virgen cristal
por donde observar,
sin ensuciarte,
y ver todo tu mundo,
entre tanto abuso
a lo demás.
PS:
Tus ojos son el cristal
hacia el vacío,
hacia lo sublime.
sábado, 19 de octubre de 2013
lunes, 7 de octubre de 2013
Desaparecida
¡Ya lo he intentado todo!
Revisé cada puerta,
cada piso,
cada closet
y cada habitación.
No hay rastro de ti.
Los brazos me pesan
y la piernas ya no andan.
Mi cabeza fluye
entre catalejos nocturnos
y el 25 de cada mes;
ese día en que todo cambia
y se te ve en el horizonte.
Pero
no hay rastro de ti.
Grité mil veces tu nombre
como ahogado en el eco
de llantos enfermizos.
Te busqué en cada útero
de tierra fértil.
Te busqué,
incluso,
en donde no debías estar,
en esos lugares sórdidos y perdidos
y de maravilloso tempo.
Te busqué en las plazas
y en las miradas de los niños,
en esos correteos locos
de piececitos inquietos
de sabiduría.
No hay rastro de ti.
De repente,
el desvarío.
Compongo lógicas sonatas
a tu memoria,
porque yo te tuve
y te recuerdo.
Y te recuerdo como el aire,
como las gaviotas
y las hojas secas en otoño;
como la helada brisa
de un septiembre nublado
por el gas,
los bombazos,
las tanquetas,
los balazos
y la traición.
Pero te recuerdo,
Amanda,
en los ideales más fuertes
y en las balas más sangradas
de jóvenes de acero
y de negada primavera.
Te recuerdo, Libertad,
pero
no hay rastro de ti.
Revisé cada puerta,
cada piso,
cada closet
y cada habitación.
No hay rastro de ti.
Los brazos me pesan
y la piernas ya no andan.
Mi cabeza fluye
entre catalejos nocturnos
y el 25 de cada mes;
ese día en que todo cambia
y se te ve en el horizonte.
Pero
no hay rastro de ti.
Grité mil veces tu nombre
como ahogado en el eco
de llantos enfermizos.
Te busqué en cada útero
de tierra fértil.
Te busqué,
incluso,
en donde no debías estar,
en esos lugares sórdidos y perdidos
y de maravilloso tempo.
Te busqué en las plazas
y en las miradas de los niños,
en esos correteos locos
de piececitos inquietos
de sabiduría.
No hay rastro de ti.
De repente,
el desvarío.
Compongo lógicas sonatas
a tu memoria,
porque yo te tuve
y te recuerdo.
Y te recuerdo como el aire,
como las gaviotas
y las hojas secas en otoño;
como la helada brisa
de un septiembre nublado
por el gas,
los bombazos,
las tanquetas,
los balazos
y la traición.
Pero te recuerdo,
Amanda,
en los ideales más fuertes
y en las balas más sangradas
de jóvenes de acero
y de negada primavera.
Te recuerdo, Libertad,
pero
no hay rastro de ti.
sábado, 28 de septiembre de 2013
Espero
Espero
en una flor de primavera
que de tus ojos baje una lágrima,
se abra paso por tu sonrisa,
te bese un hombro
y acaricie el brazo que sostiene tu magnífico pincel.
Espero
que, en ese momento,
bajes junto a ella
y te pintes
nuevamente
en el lienzo de nosotros dos.
Una vez terminada la pieza,
espero,
con todas mis ansias,
que me vuelvas a pintar un beso.
en una flor de primavera
que de tus ojos baje una lágrima,
se abra paso por tu sonrisa,
te bese un hombro
y acaricie el brazo que sostiene tu magnífico pincel.
Espero
que, en ese momento,
bajes junto a ella
y te pintes
nuevamente
en el lienzo de nosotros dos.
Una vez terminada la pieza,
espero,
con todas mis ansias,
que me vuelvas a pintar un beso.
jueves, 19 de septiembre de 2013
Todo eso
Los cariños
y las caras
y los besos
y las miradas
y tu sonrisa
y tu sonrisa
y tu sonrisa.
Así me engañas
y me haces sentir
que se puede
un poco
más.
y las caras
y los besos
y las miradas
y tu sonrisa
y tu sonrisa
y tu sonrisa.
Así me engañas
y me haces sentir
que se puede
un poco
más.
Desnudez
Imagíname desnudo,
frente a ti.
Con mi pecho al aire,
con mi corazón abierto.
Así me siento
cuando te hablo,
cuando te miro,
cuando te soy sincero.
Ahora, tú,
desnúdate,
solo así sabrás
lo que sientes por mi.
frente a ti.
Con mi pecho al aire,
con mi corazón abierto.
Así me siento
cuando te hablo,
cuando te miro,
cuando te soy sincero.
Ahora, tú,
desnúdate,
solo así sabrás
lo que sientes por mi.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Felicità
Dicen que la felicidad no existe,
pero yo la he visto,
ustedes ya quisieran
verla y sentirla y llorarla.
Sé que existe y le agrado
y sonríe, la felicidad.
Es fuerte como una roca,
pero no cualquier roca,
es una que se transforma
en algodón de azúcar
y mariposas en el estómago.
Esta roca jamás se rompe
luego de haberse triturado
a sí misma
miles de veces.
La felicidad también es breve
como un segundo,
como un instante que enamora,
como un relámpago que enceguece,
como un artista decepcionado de sí mismo.
Esta fugacidad no es gratuita,
tampoco es un regalo de los cielos,
esta fugacidad obedece a las incontables veces
de su propia muerte,
cada vez que le hemos dado muerte.
La felicidad es inolvidable,
cala hondo en cada músculo,
en el pelo,
en el pecho,
en la piel.
Deja cicatrices incontables
en la cama,
en el tiempo,
en el ser.
Es una artista de la aventura,
nos pinta soles verdes
y cabelleras celestes,
caballos enfurecidos de entusiasmo
y muslos hermosos entre tus manos.
Esculpe adioses a tus penas,
al cansancio, a la amargura.
Esculpe adioses a tus venidas,
a tu bella muerte, a tu figura.
La felicidad es una entusiasta muchacha
de ojos color caramelo oscuro y sedientas caderas.
Es una joven soñadora
de fuertes brazos,
de torso desnudo
y pequeños labios.
Es una muchacha de tiernos ojos,
de caderas cálidas
y pechos firmes.
Viste con el pelo suelto,
viste con una sonrisa extensa
como la pampa,
viste con la misma muerte en su frente,
viste con vestidos largos y floreados
y zapatos rojos.
La felicidad es tan tuya como mía,
¡es tan de todos!,
es libre como una mariposa,
pero en mis recuerdos es prisionera.
pero yo la he visto,
ustedes ya quisieran
verla y sentirla y llorarla.
Sé que existe y le agrado
y sonríe, la felicidad.
Es fuerte como una roca,
pero no cualquier roca,
es una que se transforma
en algodón de azúcar
y mariposas en el estómago.
Esta roca jamás se rompe
luego de haberse triturado
a sí misma
miles de veces.
La felicidad también es breve
como un segundo,
como un instante que enamora,
como un relámpago que enceguece,
como un artista decepcionado de sí mismo.
Esta fugacidad no es gratuita,
tampoco es un regalo de los cielos,
esta fugacidad obedece a las incontables veces
de su propia muerte,
cada vez que le hemos dado muerte.
La felicidad es inolvidable,
cala hondo en cada músculo,
en el pelo,
en el pecho,
en la piel.
Deja cicatrices incontables
en la cama,
en el tiempo,
en el ser.
Es una artista de la aventura,
nos pinta soles verdes
y cabelleras celestes,
caballos enfurecidos de entusiasmo
y muslos hermosos entre tus manos.
Esculpe adioses a tus penas,
al cansancio, a la amargura.
Esculpe adioses a tus venidas,
a tu bella muerte, a tu figura.
La felicidad es una entusiasta muchacha
de ojos color caramelo oscuro y sedientas caderas.
Es una joven soñadora
de fuertes brazos,
de torso desnudo
y pequeños labios.
Es una muchacha de tiernos ojos,
de caderas cálidas
y pechos firmes.
Viste con el pelo suelto,
viste con una sonrisa extensa
como la pampa,
viste con la misma muerte en su frente,
viste con vestidos largos y floreados
y zapatos rojos.
La felicidad es tan tuya como mía,
¡es tan de todos!,
es libre como una mariposa,
pero en mis recuerdos es prisionera.
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