viernes, 2 de mayo de 2014

[Por qué] [Recuerdo] [Tal vez]

A Mariposa.

¿Por qué no debería sacarte de mi cabeza?
Tu ya no me quieres.
Me lo dijiste,
te leí muy bien.

Pero recuerdas,
sé que supiste lo que se sentía estar así,
lo que se siente estar así
en todas las conjugaciones posibles
del tiempo
y del espacio
y de la soledad.

Y recuerdo
verte sobre ti misma,
a lo largo y a lo corto del espacio.
Recostada sobre lo verde de ti misma,
con algunos manchones cafés,
si mal no recuerdo.
Parecías volar
si te sacamos a ti misma.
Pero no mirabas al horizonte,
sino que te mirabas con mucha atención,
como si cada segundo de esa mirada
fuese un minucioso anuncio
de ti misma
sabiendo algo de ti.
Tu mano tenía ese lápiz.
Desangrado y putrefacto.
Y recuerdo que te hacías.
Trazos cortos y largos como tú.
Como el espacio.
Y te mirabas toda.
Eso te mantenía divertida y distraída de ti,
al mismo tiempo.
Yo no soy divertido
y siempre preguntaba.

La gran maldición del hombre es querer certezas.

A veces hay que tirarse al vacío para ser eternos.
Pero eras tan feliz
que te dejé
en todas las formas posibles.
Hasta te dejé navegar
junto a mi
por esas aguas negras de profundidad
y del misterio divino
de aquellas mariposas
que solías,
como yo,
tener en el estómago
y que hoy han volado más lejos de lo que pueden volver,
por allá detrás de la cobardía
y de la abulia.

Pero estoy aquí,
escribiéndote;
Tal vez fuiste realmente,
honestamente importante.
Tal vez trascendente.
Tal vez.

No quiero volver a verte.

Es que dañas la fibra que creí más resistente,
la que sostiene a la locura frente a la realidad.
Tal vez por eso dueles tanto.
Tal vez.
Tal vez.

Pero aún así termino de escribir esto
y sacarte de mi cabeza.
Tú entenderías.
Tú comprenderás.
Creo en ti.

viernes, 31 de enero de 2014

Naturaleza

Cómo decirte realmente,
y que me creas,
y que me compartas,
el porqué yo siento,
desde la necesidad de mi naturaleza,
que necesito
vitalmente
de tus besos.

Cuando los perros ladran
y aúllan por las noches
siento que necesito de ti,
necesito de tu sonrisa;
y siento que tú me necesitas,
no me mientas,
qué que es así.
Es nuestra naturaleza de amantes.

Ahora comprendo mucho,
y lo siento como escalofríos
que recorren
muchas veces
y en todas direcciones,
como crepitar de mariposas
u hormigas,
a mi razón.

Puedo comprender
pensando en ti.
Me abres puertas que entiendo,
donde hay ventanas donde aparecerse,
momentos de hacerte bien;
porque solo eso quiero,
que seas feliz.

Pero está en tu naturaleza de madre tierra,
está en la necesidad de curar tus heridas.

Es natural que prefieras,
por ahora,
las formas y las repentinas mareas
de un hijo de Poseidón,
porque eres tierra
y hay muchas heridas
que erupcionan como elementos tuyos,
tan tuyos;
pero heridos, transformados
contra tu voluntad
en el lazo escencial
que, realmente, puedes establecer;
porque está en tu naturaleza
de madre tierra.

Pero eso no está del todo bien,
solo genera engaño,
decepción, dolor de la mano
de eso que no será uno
contigo y tu amor transparente
y trascendente.

Solo queda esperar que crezcamos,
y nos demos cuenta que,
por naturaleza,
nos necesitamos,
porque nuestro amor nació
con nosotros.

Es por eso qué, por ahora,
creceré contigo
y tendré paciencia,
hata que llegue el punto
en que te darás cuenta de la necesidad,
la necesidad de mi;
porque no te dejaré sola,
porque jamás te abandonaré.

Creceré contigo hasta,
si la voluntad de la madre primera
así lo quiera,
nos volvamos otro
y avancemos,
porque es nuestra naturaleza,
nuestra hermosa naturaleza,
porque sabremos que necesitamos
el uno del otro,
el dos, que es uno, del tres,
para ser plenos
y felices realmente
en imágenes inequívocas
de lo más hermoso
de nuestra naturaleza.