Nos lanzamos a la mar verde,
recostados sobre nuestros sueños
pasados
pesados
dislocados.
Miramos al cielo
infinito
de incontables entradas al
paraíso,
pútrido, de cadáveres en vela
enmascarados
agusanados
redundantes.
Lloramos un néctar divino, bullido,
nos quemamos.
Poco a poco nos hacemos parte del cementerio
de nubes,
masticándonos m u t u a m e n t e,
enamorados de la muerte.
Caemos al abismo pantanoso,
aterrados por la lentitud de algo parecido a un juicio,
mientras nuestra carne
se desprende
de nuestros huesos por silbidos de estrellas sin labios.
Nos volvemos una masa
informe
sin esencia.
Pasamos a ser babosas en el baño
de la reina
de corazones.
Merecemos el juicio sin razón aparente.
Debemos lanzar
el último
grito a la esperanza
ahogada en llanto.
Preparamos nuestras bocas desdentadas,
sin aliento,
para salvar nuestras voces.
Lanzo un grito
espantoso,
tu no lo haces,
no me acompañas.
Quedo gritando
solo
mientras continuo
b
a
j
a
n
d
o
por el abismo pantanoso.
viernes, 10 de abril de 2009
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